|
Este escritor fue parte activa de las campañas de la Concertación, pero sospecha que en Chile existe "una política cultural bien pensada de alguna criatura mal pensada que debe haber en el poder". Por: Pablo Basadre Los recortes de prensa de la sección de Referencias Críticas de la Biblioteca Nacional descansan en viejos sobres de cartón. Ahí se guarda el pasado escrito en los periódicos, sus vergüenzas y verdades. Reinaldo Edmundo Marchant está sentado en medio de una música clásica que rebota en las murallas y un silencio que se quiebra con nuestra conversación. Él no es un recorte de prensa, es un escritor con doce libros publicados y un pasado futbolístico que aún mantiene vivo. De hecho, su última publicación, La Patria Golondrina (Ediciones Zentauro), fue lanzada en una cancha de balonpié. En la Biblioteca, lugar que él mismo escogió, lee tranquilo unas hojas sueltas de una agenda, mientras algunos buscan información sobre otros escritores. El tiempo pasa por la cinta y la tecla rec se hunde interminablemente. Grabando: Reinaldo Marchant es parte de la generación de los ochenta, integrante de la Nueva Narrativa. Ganó una docena de certámenes literarios y en 1994 fue encargado de cultura y prensa en la Embajada de Chile en Uruguay, cargo que se repitió en Colombia. En las tierras de la garra charrúa realizó tres antologías de autores binacionales, una de ellas en coautoría con Mario Bendedetti. Luego de eso fue nombrado miembro de la Academia Uruguaya de Letras. Ahora suma otro libro a su producción y comienza el diálogo, en este ambiente privado de la Biblioteca. No es bueno para las entrevistas, no le gusta el marketing como a muchos de su generación. No es vicioso del mercado y es de esos que se preguntan “¿Cuándo llegará el socialismo?”, como el poema de Mauricio Redolés. Es fiel al silencio y pasa piola por las calles de San Miguel. Su novela rodó por varias casas editoriales, pero como no habla de vanalidades ni tampoco se trata de una biografía de “Totó" Romero, costó trabajo publicarla, casi el mismo para escribirla. “En Chile cuesta escribir, es un país fome, sin respeto, con una efervescencia cultural escuálida”, comenta al inicio. Le presento a Reinaldo Marchant.
“Chile tiene una decadencia cultural tremenda. Hay países, como Colombia, a los cuales nosotros miramos despectivamente. Lo único que sabemos de ellos es que están en una guerra. Pero Colombia es un país que funciona serena y tranquilamente, ha sido uno de los pocos lugares del mundo donde yo he visto que en una presentación de libros, la gente compra de cuatro a cinco textos. A los escritores allá les llaman maestros, existe un respeto por la gente que piensa. Aquí en Chile se ha perdido todo el respeto”, dice.
-¿Cuánto te tomó parir La Patria Golondrina? -Me tomó seis años... son recursos que gastas y ¿sabes cuál es mi mayor drama?... terminarla y después decir: ¿qué carajo hago con esta mierda? Las editoriales reciben basura, si escribes algo que calumnie a alguien estás listo. Si llevas un libro de alguien que va a reconocer que cuando chico se lo pitiaban, o que un militar no sé qué cosa, ahí te aceptan. Y para qué hablar de las biografías, hasta de la "Toto" Romero, es el colmo. Estamos insertos dentro de una sociedad que está perdiendo lo mejor que tenía, que era toda la efervescencia cultural. -¿Cómo se salva la literatura de todo eso? -Me parece que cuando alguien es verdaderamente escritor, esa persona va a continuar haciendo un trabajo cultural artístico, no determinado por lo que te piden las editoriales. A mí muchas veces me han pedido que escriba capítulos de libros que luego llevarán la firma de otra persona y siempre me he negado. Los temas los eligen las editoriales, no los escritores. Las editoriales se meten todo en el ano.
-¿En algún momento Chile fue distinto para ti? -Yo tengo cuarenticinco años y en los años setenta tenía 13. Recuerdo perfectamente que nunca antes un niño de trece años hasta los 17 leyó tantos libros. Yo era de un barrio popular de San Miguel, donde había un bazar que prestaba libros o los cambiaba. En aquel tiempo yo no era un niño erudito, viví ese momento político como cualquier niño. De hecho, en ese tiempo era un cabro al que le gustaba el fútbol. Así y todo, nunca en la vida pude leer tantos libros. Recuerdo que pasaba un señor en un carrito y le pedíamos libros y en los diarios encontrabas grandes artículos, no los que se escriben ahora.
-¿Cuánta culpa tiene la democracia en todo esto? Al parecer la cultura de la Concertación se quedó en las campañas electorales. -Creo que tiene una culpa grande, yo participé en este proceso democrático y me llené de esperanzas, como muchos artistas, pero no deja de ser paradójico que con el regreso a la democracia comienzan a morir de inanición diarios tan importantes como La Época y, ojo, que no murió sola, la mataron, la mató la democracia. Luego surgen las fiestas de la cultura, que me parecen bien, pero no puede de pronto aparecer o ser la política cultural de un gobierno democrático. La vida diaria en Chile ha llegado a ser tan elitista que se olvidaron de las comunas. En mis talleres en poblaciones uno se da cuenta. No cuesta mucho que el gobierno ponga a diez artistas en todas las disciplinas para que enseñen cosas a la gente, por ejemplo. El otro día le preguntaba a un político importante de este país hace cuánto tiempo no iba a una comuna... porque las cosas ahora se cortan en La Moneda. Hay una descomposición casi generalizada. Es una pena porque este país tenía una tradición cultural muy importante. -¿Crees que esto corresponde a una política del aparato del Estado?. ¿Que resulta peligroso que la gente tenga una educación real y pueda pensar? -Creo que debe corresponder a una política bien pensada de alguna criatura mal pensada que debe haber en el poder. A mí me queda claro que siempre los buenos artistas van a ser un problema para los gobiernos que no tienen un espíritu democrático real. Cuando viví en Colombia pensaban que yo vivía de mis libros. Ellos creían que con mis doce libros publicados, yo tenía la oportunidad de tener alguna cátedra o alguna revista dónde escribir. Generación maldita -¿Qué paso con los escritores de los ochenta?. Ahí se habló de una generación importante en la narrativa, una que se hacía a partir de la concisión ¿algo que quedó encapsulado al parecer? -Ese movimiento fue importante porque no se escribían muchas novelas en ese tiempo. Creo que fue importante, a pesar de que pongo en duda su calidad. Una vez en la Católica hice un estudio de por qué en Rusia nunca más volvieron a salir escritores como Tolstoi, Dostoyevski, Chéjov, etcétera. Lo que pasó con ellos es que siempre habían vivido en revoluciones, pero cuando llegaron los bolcheviques y las relaciones con el Estado, todo se detuvo. Y en Latinoamérica pasó los mismo, pero ahora estamos dormidos, nos quedamos sin estímulos para luchar, la democracia nos durmió.
-De ese grupo pareciera que, mediáticamente hablando, Fuguet lo hizo todo. -Eso es una mentira, él en sus novelas lo ha dicho. Es muy fácil ser famoso en Chile, sólo hay que empelotarse. Fuguet es un experto en marketing, es periodista de El Mercurio, es de una familia aristocrática. Es distinto a escritores que somos de otros lados y no nos interesan esas cosas. Hay que hacer una gran diferencia entre los grandes escritores y los que no los son. De esa generación rescato a Gonzalo Contreras. Además de Bolaño, que es un escritor excepcional, mundial y que no tiene nada que ver con las vanalidades de Fuguet. Creo que Luis Sepúlveda también es un muy buen escritor. Carlos Franz es un buen novelista, alguien serio.
-Y cómo estás ahora como escritor, doce libros publicados no son pocos, Fuguet no tiene esa cantidad. -Soy un escritor triste, nunca pensé que iba a estar tan triste por algo que tanto luché. Recuerdo que jugaba en el equipo de Aviación, en el plantel profesional y en 1974 salgo exiliado del país porque soy el menor de cinco hermanos que participaban en el MIR. A los diecisiete años me encuentro en Argentina y veo la muerte de Juan Domingo Perón, veo la muerte de Carlos Prat González un 29 de septiempre en el barrio de Palermo. Mi vida cambia completamente y luego vuelvo a Chile a luchar por una sociedad que era hermosa, pobre pero hermosa. Recuerdo cuando ganó el NO y después asumió Aylwin, me sentí perdido, preguntándome qué carajo sería de mi vida. Nos pusieron un sistema político que nunca quisimos, colaboré mucho en la Concertación, trabajé en la coordinación de la campaña del mundo cultural de Lagos y lo hice porque prefiero esto que un gobierno dictatorial. Pero la conclusión es que nosotros los escritores vivimos de manera más activa en una dictadura que en una democracia, decir eso es algo terrible.Me han ofrecido escribir en medios, pero me cuesta escribir contra algo que yo ayudé a formar. Para las campañas de Lagos junto a su esposa, nos comíamos un pancito y un vaso de bebida, entonces se creaban lazos fuertes.
Una herencia precaria “En la mayoría de mis libros uso una temática latinoamericana. Yo descrubrí en los viajes que hice que el cabro chico pobre es igual en Uruguay, Colombia y Argentina. Creo que los grandes temas somos nosotros mismos”, comenta Reinaldo, mientras pensamos continuar la conversación en un café. “Me sentí más libre escribiendo en otros países, este país es fome, tiene programas de televisión que son una mierda. Hasta los años noventa escribí muchos libros, después me costó mucho. Cuesta mucho vivir en Chile, añoro los momentos de incertidumbre, había más nervio, los amigos eran más solidarios”, dice y recuerda los días en que trabajaban para lograr un proyecto de gobierno que luego los olvidaría. -Tengo veintisiete años y me pregunto siempre cuál es la herencia que nos deja la Concertación en estos años de gobierno. ¿Cuál crees tú? -Mira, la herencia que nos dejó la dictadura a los jóvenes que vivimos ese régimen fue en el fondo positiva, porque nosotros teníamos que soñar siempre, siempre había que tener utopías. Había que crear bajo torturas y perseguimiento. Teníamos la herencia de la solidaridad. En cambio ahora, en mis talleres los cabros chicos me cuentan cosas, una vez en un grupo de niñas de 15 y 16 años, cuatro de ellas habían intentado matarse. No hay una política para los jóvenes, ellos tienen razón: la política es una mierda. -¿Qué te gustaría que pasara en Chile? -Me gustaría estar en el Chile 21, como estuve para la campaña con don Ricardo Lagos y pedirle que integrara en el gobierno, en cargos claves, a gente del mundo de la cultura. Pero no el más taquillero, sino que integrara a gente del mundo de las artes. Te puedo nombrar un montón de ministerios donde los subsecretarios pasan completamente inadvertidos. Deberían nombrar a artistas para cargos que orienten y otorguen otro rostro al gobierno. En otros países se hace, Uruguay tiene un ministerio de la cultura y es un país que tiene tres millones de habitantes. Ojalá se acaben los gestores culturales que se han inventado para ganar plata. En Chile están todos los valores tergiversados. La Patria Golondrina. Ediciones Zentauro. 322 páginas. Autor: Reinaldo Edmundo Marchant La Patria Golondrina: "Personajes anónimos del siglo XXI que son protagonistas de un lugar de Sudamérica. A escasos metros de la Casa de Gobierno, sobrevive una galería de criaturas abandonadas que cuentan con un único bien: los sueños. Le ganan un día a la vida injusta que les tocó vivir. Un patria de habitantes olvidados, sin nombres ni antecedentes". |