Memoria, Subjetivación y Derechos Humanos

En un curso de Argumentación de Cuarto Año Medio, una de mis alumnas, tuvo la brillante idea de proponer como trabajo de aprendizaje de exposición y debate oral para el segundo semestre, el tema: el 11 de septiembre de 1973: a 30 años del régimen militar. Se trataba de una exposición a un curso de 45 alumnos de un liceo municipalizado, es decir ante jovencitos y jovencitas que al igual que ella, fueron nacidos entre 1985 y 1987, por lo tanto no tienen imaginario vivido del periodo en que a escala masiva se aplicó nacionalmente la disciplina militar y autoritaria. Se trataba mayoritariamente de jóvenes insertos en la clase media baja, cuando no baja e indigente, pertenecientes a una de las comunas que muestra a nivel país como signo de pobreza social, la más alta tasa de embarazos adolescentes, y por cierto un detalle no menor, aunque según la edad deberían ya desarrollar operaciones lógico matemáticas, reflexivas y operaciones cognitivas simbólicas, en su mayoría están lejos de poder hacerlo con comprensión de lectura y otorgando significación a lo que leen como se señala que es el déficit nacional.

Por todo aquello, cuando Dominique Yevenes como se llama mi alumna me propuso el tema me pareció no solamente brillante, sino interesante (para mí), poder escuchar como iba a ser reconstruida esta memoria, desde que valores, desde que postura y visión de comunidad. Por lo mismo, también (me) pareció interesante seguirle la pista a su propia investigación y olfato para buscar información, observar como se iba armando en su cabeza su propio juicio, para de este modo ayudar pero sobretodo convocar a sus compañeros y compañeras de aula a tener el suyo al respecto.

En efecto, (yo) podría escuchar a aquella generación del futuro que según el ex presidente Aylwin estaría eventualmente sana de odios porque no tendría en la memoria los recuerdos de quienes participaron en los hechos sea como víctimas o victimarios. En ellos, con 17 - 19 años no habría posición justificadora, ni defensora de la intervención militar del 11 porque la izquierda hizo esto o aquello o porque dejo de hacer. Ellos y ellas, provendrían de una suerte de "amnesia de reconstrucción" o si se prefiere de una suerte de "limbo imaginario" que les permitirá nombras y significar los hechos. Por eso a Dominique, mi alumna, solamente le entregue 3 diarios nacionales en su edición dominical de este año 2.003 desde marzo a la fecha: La Nación, El Mercurio y la Tercera. El resto, me imagino que lo busco por otras fuentes, incluida la red de enlace y los buscadores a la que puede acceder por el Liceo vía Internet.

Llegó el día de su exposición y saco 2 pápelo grafos que pego a la pared para compartirlos con sus compañeros, en un de ellos traia anotados el nombre de las organizaciones militares que desde las Fuerzas Armadas participaron del golpe (Dina, Dicomcar, CNI, etc.,) los nombres de las organizaciones de izquierda que fueron censuradas y de las que se dijo eran "extremistas" (El MIR) y el nombre de algunos asesinatos cometidos en el extranjero con bombas. En el otro papelografo, mostraba datos de la UNESCO con cifras al año 1983 del número de detenciones, el número de muertos, el número de exilios, el registro sin especificar de violaciones u otras especificaciones lingüísticas mas recientes.

Se paró adelante, y comenzó diciendo que ella no sabía muy bien de lo que iba a hablar pero que algo no le parecía normal de todo lo que había ocurrido y que por cierto no pretendía herir a nadie, ni molestar a nadie, que pedía silencio al curso y que por favor la escucharan. En seguida expuso tranquilamente por lo menos durante 15 minutos sobre el día de la intervención militar, lo que había ocurrido con el presidente Allende, quienes eran los miembros de la Junta, sus nombres, los primeros bandos, etc. Hablo del clima que vivía el país, y se detuvo a mostrar la violación de los derechos humanos y la situación de algunas personas en el extranjero, los problemas del exilio y la opinión de otros gobiernos sobre lo que estaba ocurriendo en Chile por esos días. Principalmente habló de las "detenciones" y de "golpe militar".

Debo reconocer que durante esta primera parte, el curso en su mayoría femenino, escuchaba casi en estado meditativo. Estuvieron en absoluto silencio y casi como haciendo un duelo tardío, un homenaje. Yo estaba impresionada porque durante todo el tiempo en que he conversado en clases nunca los había observado en esa actitud, sobre todo de las mujeres que generalmente están mas dedicadas a mirarse en el espejo, pintarse los ojos que en hacer una descripción fenomenológica, científica o poética de su sala de clases como manda el currículo.

Todo iba viento en popa hasta que un grupo minoritario de hombres comenzaron a reírse, a hablar, a murmurar. Ahí uno de ellos interrumpió su exposición y le pregunto: "si su exposición estaba o no comprometida con cierta postura política". A lo que Dominique respondió que su familia era de derecha, era del Partido nacional y que ella solamente quería hablar de lo que había pasado porque esas muertes no le parecían justificables.
Sobre la misma la interrumpió un segundo diciendo que había que mirar lo que había ocurrido antes del 73 para opinar. Esta vez ella volvió a insistir en que de igual forma no le parecía que lo que había ocurrido antes del 73 justificaba las detenciones. Y antes de que se largara a interrumpirla el tercero, intervine para decirles que por favor sería conveniente que pidieran la palabra para hablar. Como el tercero no hizo caso y claramente siguió hablando acusando a la expositora de que si tenía una postura política. Volví a hablar para sugerirle a Dominique que si no se sentía a gusto con la forma en que se estaba llevando la conversación podía terminar con su exposición.

A esas alturas una alumna pide la palabra y dice: "yo estoy de acuerdo con la Dominique porque a mi tío que yo no conocí mi mamá me contó que lo fueron a buscar a la casa, lo acusaron y nunca más lo volvieron a ver. Yo estaba a dos metros de la alumna que estaba haciendo la declaración y percibí que era primera vez que lo contaba y su relato tenía esa emoción de alguien que hace público casi un secreto. Justo en ese momento escucho dos carcajadas de dos alumnos que estaban adelante. Fue fuerte. Y por segunda vez les dije que podían detener el debate, que no era necesario continuar si no estábamos capacitados para hacer un duelo. Le agradecí a la alumna su testimonio y Dominique volvió a retomar la coordinación de la conversación.

Ella también quiso cerrar. Pidió disculpas nuevamente por tocar el tema, dio las gracias por la audiencia, agradeció a su compañera y el resto del curso casi la mayoría de sus compañeras la apoyo con esas recriminaciones típicas que hacen cuando no les gusta la actitud de algunos de sus compañeros. Sin embargo no sirvió para detener al grupo minoritario que curiosamente eran hombres. Uno de ellos, el más bonito pero el más hueco dijo, "tengo hambre quiero salir, Prof. ¿me deja ir a almorzar?", no alcance a responder cuando otro dijo: "para entender el golpe había que mirar lo que había pasado antes", y ahí como las mujeres volvieron a abuchearlo diciéndole diferentes cosas para acallarlo, tuve que parar la conversación.

Fue complicado, Dominique mi alumna volvió a cerrar el debate sin perder la calma, ni la paciencia, ni la sonrisa, se había puesto un poco colorada porque no la habían dejado terminar. Sacó los pápelo grafos de donde los tenía pegados y cuando ya estábamos otra vez todos sentados, como cerrando, tranquilizados con sus palabras de agradecimientos, se pone de pie el hueco enojado y dice: "ah, yo me voy", abre la puerta, y sale dando un portazo. Todos los ojos se volvieron hacia mi, y yo me volví sobre mi misma. Pensé que las miradas eran la pregunta: ¿cómo va a salir de esta? ¿lo va a anotar en el libro? ¿cuál es el tratamiento disciplinario que le va a dar? ¿lo va a reprender?. Estaban atentos a mi reacción de rabia, de aplicación de reglamento porque estaba abandonando la sala sin el consentimiento de la profesora, en sentido estricto es fuga.

Y entonces, entendí que no valía la pena. Y todavía sigo pensando y sintiendo que no vale la pena. Igual me quedé con una sensación distinta a la del ex presidente Aylwin. Con todo respeto, hay una minoría, 4 de 35, cada vez menos, que tal vez no tengan arreglo. Para esos 4 o 5 de la historia de cualquier edad vale lo mismo los muertos que el clima de tensión de antes del 73. Es decir, para esa minoría no hay diferencia entre error y horror. La memoria guarda, pero no siempre selecciona, o discrimina. Incluso se dice que la memoria cambia, mezcla recuerdos...

Conocí a Allende cuando tenía 6 años. Llegó a Constitución a hablar pidiendo votos para su segunda elección. Recuerdo que me senté en sus rodillas en el proscenio del kiosco público de la plaza. En verdad, ese recuerdo llena mi infancia. Es absolutamente pleno, cerrado, auto contenido, sin rasguños, sin fisuras. Lo amo, lo atesoro de paternidad. Junto con ese recuerdo aparece también la del turco Tarud y otras personas del lugar y la región que después del 73 nunca más vi. Yo nací el 58, y tenía 13 cuando fueron a buscarme a una sala de clase, al liceo de Niñas de Talca, eran clases de física me acuerdo cuando unos militares rasos me apuntaron con una metralleta por la espalda y me pasearon por pasillos hasta presentarme al capitán Zukino, un boina negra, que además de sus gritos de presentación, gracias a los "dralas protectores", tampoco nunca más vi.

Recuerdo que Allende en la plaza contó un chiste sobre lo que es y era un monopolio a partir del ejemplo de la papelera de Puente Alto. Como no lo entendí del todo en ese momento y me di cuenta que la audiencia lo aplaudió y se río, serían unas 500 personas, al llegar a la casa lo conversé con mi papá y con la mujer que posteriormente bajo su gobierno, sería gobernadora en la comuna, la señora María Tejos y su marido. Me reí y aún me río cuando me recuerdo de ese chiste súper pedagógico del ex presidente Allende. Me rió de mi papá y de la forma como me lo explico, regalada de paternidad, eternamente agradecida. Es grato, acogedor, sencillo y también complejo el momento que retengo. Pienso, ¿cómo explicarle ahora a una persona lo que es un monopolio?, Pienso ¿vale la pena?, ¿tiene sentido compañero?

Celinda Lilian Letelier