Plataforma
Michel Houellebecq
Anagrama
2002
316 pgs.
La novela de Houellebecq nos introduce en el mundo del turismo, de
los viajes de placer. Michel, funcionario del departamento de cultura
del gobierno francés, después de la muerte de su padre
y transformarse en su único heredero, sale de viaje con destino
a Tailandia. Durante el viaje conoce a Valérie -quien forma
parte del grupo de turistas en que va Michel. Con ella, después
de regresar a París, vivirá una larga aventura amorosa,
sumada a otros muchos viajes rotulados con las mismas características.
Michel, en tanto narrador protagonista de la historia, responde a
lo que ya podríamos denominar personaje clásico de las
novelas europeas de los últimos decenios. Un ser en principio
solitario, anodino, sin grandes pasiones, más bien del tipo
depresivo, pero capaz de vaciar su mundo interior ante los ojos del
lector, desde una perspectiva consciente y extremadamente racional.
Este narrador decodifica punto por punto sus placeres, especialmente
sexuales, acercándose por momentos a la novela pornográfica
por el grado de impudicia de algunas de sus escenas. Sin embargo,
no nos dice mucho acerca de sus dolores. La muerte de su padre se
parece en mucho a la perspectiva apática del personaje del
Extranjero, de Camus. Asistimos a él a través de su
mirada distante, indolente, que no se deja afectar por nada de lo
que acontece a su alrededor. Salvo, como dijimos, el sexo, en tanto
forma probada de placer.
La historia esta contada -y muy bien contada- en primera persona ,y,
por momentos pareciera que es básicamente el morbo sexual el
soporte mayor de la intriga que conduce al lector a leer hasta la
última página. Sin embargo, vemos como poco a poco,
una vez que Michel conoce a Valérie y establecen una relación
de pareja estable, aunque muy al estilo europeo, la novela comienza
a cobrar mayor peso psicológico, moral y también social,
en tanto obra literaria capaz de convertirse en una apología
del mundo moderno, sustentado por un capitalismo implacable. Valérie
trabaja en turismo a alto nivel y a través de los proyectos
de la empresa donde trabaja, la novela cuestiona todo este aparato
gigantesco creado por las empresas del rubro con el fin de ganar dinero,
gatillando en la conciencia colectiva de los turista el deseo del
placer erótico.
Los viajes de Michel y Valérie a países exóticos,
Tailandia, Cuba, y otros, son recreados y cuestionados ante los ojos
del lector por este narrador que no se debilita en ningún momento
en su afán de describir ya como una filmadora y como supraconciencia
de lo que ve, piensa y siente a su alrededor, lo mismo que lo que
sucede en su interior.
Tal vez diríamos que la tensión de la narración
decae en las últimas páginas. Nunca ha sido fácil
un final para la ficción. Pero, con todo, la novela ya ha hecho
lo suficiente como para agradecer la narración.
Miguel de Loyola
Stgo, 16 de Marzo de 2003