No le ayuda tampoco a sus reflexiones la resolución del contralor respecto de los conflictos de interés de las autoridades. El contralor reduce el ámbito de estos problemas a las acciones flagrantes que pudieran cometer quienes tienen responsabilidades de gobierno. Según este enfoque, la ley es el techo, no el umbral mínimo de la conducta de los ejecutivos públicos.
“Discrepo de esta interpretación restrictiva de la Contraloría. Opino que el principio de probidad exige que se eviten las situaciones que generan conflictos, y no esperar que ello se traduzca en decisiones específicas”. Ese fue el juicio del destacado jurista José Zalaquett sobre esta materia.
Igual, pese a estos indicios negativos, el Presidente puede aún impedir que esta sensación de impunidad que comienza a instalarse, se transforme en el espíritu de su gobierno. Confío en que las corrientes republicanas, presentes en el discurso del 21 de mayo, se impongan y restituyan un proyecto que facilite una relación constructiva entre el Gobierno y la oposición. Y que emerja una conducción que ponga al país en un mejor lugar. Que Chile no se transforme en una nación pintoresca, integrista en los valores, inmovilizada en lo político y aislada de sus vecinos.
Me sorprende también la virgen instalada, como primer acto de la actual administración, en las puertas de la sede nacional de la Junji (Junta Nacional de Jardines Infantiles).
Y veo una gran contradicción. Porque integro una comisión, nombrada por el propio Presidente, destinada a promover los derechos de la mujer en el mundo del trabajo y la corresponsabilidad de hombres y mujeres en el cuidado de los niños y niñas.
Allí hemos escuchado decenas de testimonios de personas y de instituciones que quieren contribuir con sus ideas y propuestas a la mejor política pública posible. Aquella que permita una buena sociedad, más compartida, más cohesionada. Los miembros de esta comisión han valorado en su trabajo su composición plural y transversal.
Pero, entonces, ¿qué hace una virgen en las puertas del servicio público responsable de la formación de los niños de Chile? Entendámonos bien, en la esfera individual todos tienen el derecho de venerar a quien estimen. Ese no es el asunto. ¿Pero por qué no se respeta la realidad de esta sociedad donde conviven evangélicos, judíos, musulmanes, budistas, agnósticos, ateos y creyentes de otros credos, y no sólo católicos marianos? ¿Por qué a los funcionarios de un servicio público se les impone una iconografía singular? ¿Qué sectarismo motiva imponer la convicción propia al resto, en este caso, en una institución financiada con impuestos generales?
El Presidente hizo otra oferta. En los inicios de su mandato habló de aceptar la diversidad de Chile.
No se trata de compartir los juicios o las creencias de los otros. Se trata de respetarlas.
Porque no se puede actuar en una repartición pública con los mismos criterios que en el fundo del abuelo. ¿O ésa es la filosofía del gobierno de excelencia?
Porque de ese mismo estilo es la justificación de un subsecretario cuestionado para continuar en su cargo: porque lo apoya el Presidente. Aunque la sensatez y el respetable público exijan todo lo contrario.
Así actuaba la vieja derecha. Esa que nunca ganó una elección presidencial en cincuenta años. Se pensaba que Piñera era distinto.
Sobre todas estas materias es él quien tiene la palabra. Como también respecto de los indultos, de sus conflictos de interés y de la fidelidad y la coherencia de sus invitaciones a celebrar juntos el Bicentenario. De él depende.
Ricardo Solari